Sentada en un rinconcito del patio del colegio, murmura con dos amigas y ríe. Las tres están despreocupadas, felices…a poco tiempo de ello, sus dos acompañantes se levantan del suelo, para encaminarse hacia el quiosco, ella se queda. Apoyada sobre la pared blanca, comienza a tomar mechones de su cabello, y a formar pequeñas trenzas rubias.
Observa a los demás chicos que pasan a su entorno; uno de ellos se sienta a su lado. Ella, nerviosa, lo disimula con su mejor esfuerzo. Él le dice que es linda, mientras ella, adueñándose de un silencio tímido, matiza su rostro de colores rojizos. Él, con sus ojitos azules y cabello oscuro, la mira fijamente. Ella no sabe dónde esconderse, y sus trenzas son muy pequeñas para cubrirle la cara. Los ojos azules que la divisan con gran dulzura, le preguntan si sería capaz de enamorarse de él, ella, que lo contempla inmóvil le confiesa que no sabe lo que es el amor. Él le propone guiarla, enseñarle. Ella titubea, hasta que finalmente, avergonzada y dudosa, acepta. Él le da un beso en la mejilla. Suena el timbre. Ambos entran a sus aulas, una alejada de la otra.
En la hora de matemáticas, ella se cuestiona qué es el amor, y él, en otra aula, no deja de pensar en las trencitas rubias de su amada. Las amigas de ella, tratan de averiguar quién es el chico que le habla en el recreo, ella da evidencia de un vínculo de amistad muy fuerte (no sabía amar, pero en mentir tenía bastante experiencia).
Luego del colegio, risueña, dirige sus pasos, camino a su casa; él le pide que espere. Ella aguarda, y entretanto, oyen el sonido de la brisa; callan. Él la toma de la mano y le da una carta; ella no entiende. Agradece, y luego de despedirse, sigue su camino. Una vez en su casa, almuerza junto a su familia, hace los deberes, juega, mira tele, y en un instante, recobra la memoria, y toma el sobre que permanece en su bolso. Lo abre, y encuentra un papel dentro de él. Luego de sujetarlo entre sus manos, sin demasiada emoción, lo lee, poniendo especial atención en los corazones dibujados entre las frases, y aunque le gusta lo que lleva escrito, todavía no concibe el verdadero significado de un “te amo”.
Ella, poco a poco, va comprendiendo algo de lo que él le intenta expresar. Él, no puede esperar el momento de besarla, pero es conciente de que ella no está lista aún. Así, se van afianzando entre los días de la semana, en los cortos minutos que implican los recreos.
Pasado un mes, ella adquiere una sensación extraña en su estómago, que misteriosamente aparece cuando escucha la voz de su enamorado pronunciando un “te quiero”. Le comenta a él que teme estar enferma. Él pretende controlar su risa; fracasa, y seguido de esto, le revela que eso es parte del amor. Pensando que ella está ya más apta para interpretar al amor, le cuenta más detalles sobre ese sentimiento.
Increíblemente, ella, pasados dos meses de noviazgo, percibe por completo el significado de “amor”, y a los dos meses y cuatro días de estar juntos, le declara que lo ama. Él no puede creer que eso suceda, está más feliz que nunca. La abraza, y ella, habiendo hallado la definición de “amor” y creyéndose cautiva de él, lo besa.
Ahora sí, los dos susurran “te amo”, toman sus manos, y envueltos en ternura, se besan. Él, mientras trenza el cabello de ella, queda apresado por los ojos de otra muchacha, algo mayor que su pequeña novia.
Ella, dueña de un amor inocente y eterno, ya no es bien valorada por su amado. Él, le comenta que desea charlar de algo importante. Al día siguiente, en otro recreo, conversan. Él, tratando de no ser hiriente, le cuenta que se enamoró de otra persona, y que ve la relación que llevan, imposible, debido a que es muy joven para él. Ella, siente que algo dentro suyo se quiebra, y llorando, escapa.
Al día siguiente, ella lo ignora. Él, a pesar de la culpa, no deja que su antigua relación, frustre un nuevo amorío.
Por varios días no se saludan. Él, comienza a salir con la otra chica. Ella, que no aguanta más el dolor, procura ocultarlo, y lagrimeando, le pide que le enseñe a olvidar, pues a amar, ya había aprendido, y ahora quería continuar con su vida. Él le asegura que no debe preocuparse, pues el tiempo le traerá consuelo.
Pasan los años, ya no se cruzan, la facultad culminó con los recreos. Él, que ya no tiene catorce años, está nuevamente solo, y vive la vida al máximo, con descontrol, reuniéndose con sus amigos alrededor de una cerveza. Ella, todavía no logró olvidar…
Ella había conocido a sus cortos once años, lo que era el amor, pero nunca le advirtieron, que en el verdadero amor, no existe el olvido…



