arbol-reloj.jpgSentado bajo un árbol,
observa el cielo, ensimismado.
Sus manos frías, y sus pies, enterrados en la tierra.
Tan sólo una ilusión, reflejada en una estrella,
lo invita a levantarse del cruento suelo.

Una voz, proveniente de la brisa, le susurra,
“No sueltes lágrimas al vacío,
no abandones tus metas por temores absurdos,
no anheles que una navaja te arrebate los problemas…”

Enmarcado en un paisaje azul, de luna llena,
recorren su existencia mil palabras,
que se tornan en preguntas sin respuesta.

Tantos ideales frustrados, reflejados en sollozo,
tantas sonrisas que abruptamente se transforman en mueca,
mientras que un viento apenas perceptible,
anuncia el correr del tiempo, sin interrupciones…

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