No dejes que mis ojos noten tu presencia,
Ni mi mirada refleje tu rostro en mis pupilas,
No dejes que me enceguezca de mentiras,
No me cuides, no me tengas paciencia.

Grítame hasta que mi llanto bañe la almohada,
Y mi vista no codicie surcar tus labios.
Pégame con tu puño en el corazón,
Que ya marchito, sólo causa estragos.

¡Vete! Corre esfumando tu silueta,
por el sendero de lágrimas que me quitaste.
¡Huye! No permitas que un loco sueño,
me logre esclavizar en tu ternura.

Publica un comentario