Lo que más odio de ti es el no odiarte,
me aborrece tanto no poder cesar de amarte…
Anhelo sumergirte en el olvido y no sacarte,
que mi mente no te llame ni te extrañe…

Sólo quiero que mis recuerdos no te incluyan,
ni que rumores tontos digan que aún me buscas,
¿Por qué, Dios? ¿Por qué claman mil tumbas?
¿Por qué el amor no admite la muerte ante rupturas?

Es que en mis sueños siempre vienes y saludas,
y mi corazón ya no soporta más suturas,
tal vez mi alma te grite y clave veinte agujas,
tal vez desee alejarte sin esperanzas ni amarguras.

Pero si tanto te abomino y alejarte de mi vista es lo que más espero,
¿Por qué cuando te acercas me alegro y te persigo con esmero?
y de mi boca sale un “te quiero”,
y de mi cuerpo cien latidos a la vez…

Pero con tu orgullo y tus diez excusas,
mis sonrisas quiebran por doquier
y tú, con tu calma absurda
pretendes creer que no lloraré,
y sin embargo…
¿Cuántas lágrimas por ti coseché?

Veinticinco lágrimas he derramado,
mil tumbas no te logran contener,
veinte agujas graban en mí tu presencia,
un “te quiero” se repite una y otra vez.

Cien latidos que me inmovilizan y dan miedo,
diez excusas que te separan de mi amor,
todos números que recién noto que existen,
todos números que se tornan en dolor.

Pues recién hoy he decidido no cegarme
y admitir entre suspiros, la decepción,
que lo nuestro fue sólo mío,
que lo mío,
fue tan sólo una ilusión.

Publica un comentario